Cerveza Voldam y cacahuetes. Sofá y televisión. Resignado por no poder vivir la Eurocopa con el mismo ambientazo con qué disfruté del pasado Mundial por culpa de las cosas de las crisis empresariales que ahora no viene a cuento, y armado con una Voldam de mano y un ejercito de cacahuetes, el sofá y la televisión han sido mis aliados. Pero la mirada se me iba hacia la ventana que tengo a mi derecha.
Saltan los equipos, y están Marcos y Joan. Se lo merecen. Suena el himno. Senna con mano en el corazón, como si fuera de Triana o Carabanchel, hubiera hecho la mili en Bétera, la Flota 21 o en los Regulares o nacido en Alcazar de San Juan, Burgo de Osma o Aranjuez. No finge, lo siento. Como denota también la mirada de Capdevila, mientras la enorme marea roja de la grada entona el universal cántico de nuestro Himno Nacional. Pero la mirada se me iba hacia la ventana que tengo a mi derecha.
Me gusta la selección. Luis, ha hecho un equipo joven, dinámico, versátil, disciplinado, sin figuras, pero con la suficiente experiencia internacional para al menos saber que aunque caigamos otra vez en cuartos, es otro fútbol, otra mentalidad, otra ambición.
4-1, ha sido un resultado justo. Los rusos merecían marcar, y los nuestros han hecho méritos para ganar. Espectacular como ha crecido como futbolista Torres, en tan solo un año en Inglaterra. No es avaricioso ni precipitado. Tiene otra visión de juego muy diferente al que mostraba cuando le mimaban en exceso los colchoneros.
Cuando ha entrado Santi Cazorla a jugar y hemos tenido bastantes minutos a los tres amarillos vestidos con la roja, la satisfacción me ha hecho apurar el par de cacahuetes que se ocultaban entre los pellejos de los ya engullidos al fondo del cuenco. Pero la mirada se me seguía yendo hacia la ventana que tengo a la derecha.
Y es que con el simple gesto de retirar levemente la cortina de la ventana, veo su balcón. Enfrente. Escasamente a ocho metros del mío. Fachada con fachada. El tiro de mi visión es de arriba a abajo. Vivo en un segundo, ellos en un primero. Aparente normalidad. Ahora mismo aún tienen ropa tendida. Era frecuente ver a uno de ellos cuidando plantas y pájaros. Le gustaban mucho los pájaros. Incluso entabló amistad con un vecino de la calle de al lado que tiene una cochera donde guarda y tiene pájaros.
Sus vecinos de rellano, no tienen ninguna queja de ellos. Cordiales, educados, trabajadores, habladores…. comentaban cosas de sus trabajos en talleres de reparación de automóviles, del piso que buscaban para un familiar que iba a venir con mujer e hijos, del amigo que recientemente había tenido que volver a su país por una grave enfermedad del padre….
Vivo por una zona, donde ellos también viven y no generan ningún problema de integración. El único es visual de un par de mujeres de la esquina que me dan mucha pena. Siempre visten con burka y guantes negros, mientras sus maridos van medio descamisados y con barba. Es un contraste curioso y feliz a la vez de ver como podemos convivir dos religiones tan opuestas en costumbres. Frente a la Parroquia, el locutorio telefónico donde siempre hay personas de sus rasgos en animada charla. A una esquina de la Iglesia Católica, está el bajo donde se reúnen para sus oración. Incluso hay establecimientos regentados por ellos. Una tienda de comestibles, la peluquería Submarino delante mismo del Instituto de Secundaria, a cuatro esquinas de allí la carnicería que se ha visto por la televisión…. todo personas normales, educadas, trabajadoras…. es tanta su integración que en el colegio sus hijos e hijas aparentemente no han tenido ningún problema para saber dialogar en valencià. Lo hacen en un acento especial que resulta hasta gracioso. Incluso han participado en ofrendas florales escolares a San Pascual o se les ha visto de espectadores en procesiones de Semana Santa; es decir, viven lo católico como algo tradicional, costumbrista y que en absoluto rechazan. Aparentemente lo ven con la misma normalidad que nosotros sus particularidades.
Esta mañana al salir del garaje sobre las siete de la mañana, me ha sorprendido ver a dos agentes de la UIP (Unidad de Intervención Policial) en la esquina de mi finca. No es normal. Solo les veo en los partidos de El Madrigal. De hecho, como su nombre indica, es un cuerpo de la Policía Nacional para situaciones de intervención. Después del informativo que tengo a las 7,50 he avisado a mi mujer para que se asomara a la calle por si había pasado algo en el bar de la esquina donde había visto a los agentes algo más de una hora antes o cuando llevara a los niños al colegio preguntara si había pasado alguna cosa. Sobre las ocho y cuarto, me llamó alterada. Coches camuflados, calle cortada, area perimetral de tráfico, policías de negro con casco y pasamontañas y tres vecinos de enfrente esposados.
Pasadas las nueve de la mañana llegaban los primeros datos a las redacciones. Operación especial antiterrorista. Se denomina Operación Submarino. Ocho detenidos. De ellos cinco en Castellón, dos en Barcelona y uno en Pamplona. Más tarde se conocía que los cinco de Castellón, eran cuatro en Vila-real y uno en Burriana. Tal y como avanzaba la mañana, se confirmaban también sus nombres, lugares y fecha de nacimiento, y que en Vila-real había una decena más de detenidos pero en otro grado que los ocho primeros. A unos se les imputan presuntas labores de captación y financiación para la guerra santa (yihad islámica). La decena de detenidos en segundo lugar, se les investiga su relación con esta célula islamista que podría realizar actividades de adoctrinamiento, sustento económico y apoyo logístico a integrantes de grupos terroristas pertenecientes a la estructura de Al Qaeda en el Magreb islámico. Impresionante.
Poco a poco, sus vecinos de rellano y de escalera iban contando al resto de vecindad, la sensaciones vividas cuando sobre las dos de la madrugada una explosión les ha despertado. Era el detonador que abría a la policía la puerta del domicilio registrado. Ninguna explicación. Mirillas tapadas y el susto de oirlo todo y no poder ver nada. Incertidumbre, dudas, temor…… hay que ponerse en su situación.
Lamentablemente en comparecencia publica por otro asunto, el subdelegado del Gobierno de España en Castellón no quiso, no supo, no pudo aportar ningún dato. Me ha parecido una frivolidad tremenda que cerca del mediodía cuando los teletipos ya daban datos, pelos, señales de toda la operación, dijera no saber nada. Por más que todo se canalice desde el Ministerio del Interior, él es nuestro único interlocutor y al menos nos debía una explicación, un mensaje de calma, tranquilizador…. algo que ha tenido que hacer quienes menos les corresponde, el equipo de gobierno municipal. Ignasi Clausell, el portavoz popular, con los únicos datos de que disponíamos los medios de comunicación, ha sido preguntado en la rueda de prensa sobre los acuerdos de la junta de gobierno por el asunto que estaba creando una tremenda tensión en la calle y una comprensible alarma social. Sus palabras han sido de confirmación de lo que en la calle estaba sucediendo, por que era visible y palpable, y de total confianza con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, al tiempo que destacaba el gran ambiente de convivencia que se respiraba con las personas de origen árabe de Vila-real.
La sensibilidad por el asunto está latente en la calle. No hay que negar las dudas sobre cómo será la convivencia a partir de ahora. Son lógicas. Esto es muy serio. Quienes hasta ahora eran vecinos ejemplares, de momento se han convertido en potenciales colaboradores de una peligrosisima organización terrorista internacional. Esas películas, relatos o imagenes de celulas dormidas que de repente despiertan, no sólo son reales, sino que tenemos cara y ojos de personas con las que nos cruzabamos todos los días. Y por más que nos podamos sentir protegidos por la labor de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad, Centro Nacional de Inteligencia incluido (también ha participado en la operación), la sensación que ahora se siente en mi calle, mi barrio, mi zona, es de sorpresa y decepción, miedo y temor, y un enorme rechazo hacía los detenidos y quienes puedan ser, pensar y actuar como ellos.
Siempre me han gustado las peliculas de espías y tramas a gran escala. Es por eso, que reflexionando sobre lo ocurrido, me he imaginado los días o meses, que entre nosotros se han paseado, han comprado o incluso estan viviendo, agentes especiales camuflados, vigilancia, contravigilancia, seguimientos, escuchas, filmaciones…. y todo el procedimiento habitual en este tipo de operaciones. Realmente emocionante, si no fuera por que no se trata de una ficción, sino de una realidad demasiado cercana y peligrosa. No forman antes del partido que a diario disputan, ni los ciudadanos les jaleamos mientras se preparan para conseguir sus objetivos, ni coreamos el Himno Nacional por el que también juegan. Pero también remontan goles en contra y ganan partidos para España. Por todo ello, mi total admiración y gratitud, a esas personas anónimas que forman parte del tejido policial más desconocido por la ciudadanía pero tan eficaz para la lucha contra el crimen y el terror.